EL VERDADERO SENTIDO DE LA DEMOCRACIA

 

Opinión

Quincenario Independiente, Año 2 N° 7,

Cajamarca, 15 de setiembre de 2009

Edición Penkasul, Director: Carlos Gamboa Vílchez

 

La nuestra es una democracia en la que las libertades son infinitas, desaforadas. Compatibles con el libertinaje. Y es que vivimos en un sistema neoliberal competitivo a ultranza. A este respecto, nuestro vate universal en su ensayo Contra el secreto profesional, cuando habla de la “Concurrencia capitalista y emulación socialista” dice: ¡Quién vuela más lejos! ¡Quién da mejores puñetazos! ¡Quién nada más! ¡Quién bate el récord de velocidad, de duración, de altura, de peso, de resistencia, de intensidad! ¡Quién hace más dinero! Record de ayuno, de canto, de risa, de matrimonios, de divorcios, de asesinatos, etc.”. Es decir, una democracia de laissez facer, laissez passer, “dejar hacer, dejar pasar”. Esto es, llegar a ser hombre o mujer de éxito, bien acaudalado(a). Los estadios y los coliseos convertidos en confusos centros de diversión, donde la gente va a ver no la práctica del deporte sano, sino a beber alcohol desaforadamente y a bailar con un sonido de más de 2 500 decibeles, al son de una música chicha o rock; las plataformas deportivas convertidas en escenarios propicios para parrilladas, polladas, cebichadas, truchadas, anticuchadas, alcoholizadas, etcétera. No importa el motivo ni la hora, ni si poseen licencia municipal, o no. No importa si mortifican o no a los vecinos. Lo importante es divertirse y consumir, por algo viven en la sociedad de consumo y del espectáculo. El poco, o mucho dinero que el pueblo gana lo vuelve a dejar en las cantinas, las discotecas, los vídeo pubs, los nigth clubs, los tragamonedas (juegos de envite), trampas mortales de una sociedad descompuesta irremisiblemente. Se trata, pues, de una sociedad invadida por la publicidad oral, escrita y televisiva que ha tallado el cerebro de sus cautivos consumidores. Los ha hipnotizado de tal manera que ya no son capaces de reflexionar, menos de leer, de desarrollar conocimiento, y tan solo manejan información fútil. ¿Un público?, no. Una masa de gente amorfa, incapaz de distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo que alimenta y lo que envenena, entre lo que educa y lo que deseduca, entre lo que construye y lo que destruye, incapaz de emitir un juicio, una crítica, una opinión personal, de pensar por sí mismo. Esto es, una masa de gente que se conduce por reflejos condicionados, que ha perdido su propia identidad, su decoro y los preciados valores cívicos y morales que deben regir a todo ser verdaderamente humano.

Todo ello ocurre a vista y paciencia de las autoridades y gobernantes de turno que miran indiferentes una veces y otras, estupefactos el espectáculo que más parece surrealista, verosímil que arrancado de la realidad. Es decir una sociedad a la medida de los que la gobiernan. Y le llaman democracia. Esta es su democracia en la que los medios de comunicación solo informan de accidentes automovilísticos -en un año hay más muertos y desvalidos que los que dejó la Segunda Guerra Mundial-, asaltos, robos, violaciones, crímenes, alcoholismo, tabaquismo, drogadicción, suicidios, coimas, chantajes, sobornos, etcétera.

Lamentablemente, en el Perú, nuestra patria, se practica solo este tipo de democracia, la representativa; es decir, una farsa, el miedo a la libertad, como diría Erick Fromm. Hay que tener dinero y cada vez más dinero para poder ser candidato. He aquí un comparativo en opinión de Carlos Lage: “no hay en el mundo elecciones más libres y más democráticas que las nuestras. La llamada democracia representativa es una farsa; hay que tener dinero y cada vez más dinero. En Cuba ningún candidato necesita un solo centavo. En aquella los candidatos prometen casi siempre sabiendo que no van a cumplir. En la nuestra no se promete, se muestra la biografía, la vida, la conducta de los propuestos. En aquella un candidato es enemigo del otro, en la nuestra defienden juntos el futuro de la nación. En la democracia representativa, la policía y hasta el ejército cuidan las urnas y aún así el fraude y la violencia son comunes. En nuestra democracia son los pioneros los que cuidan o mejor, los que adornan y alegran un ejercicio verdaderamente libre y democrático. En aquella, la democracia se acaba el día de las elecciones, en la nuestra, comienza.”

Tal como podemos apreciar, las diferencias son palmarias. Hay que hablar por sectores: educación, salud, alimentación, transporte, entre otros. Habrá tiempo para continuar ocupándonos en forma específica. ¿Cómo está el Perú? Esta vez, solo queríamos mover a la reflexión para que, por lo menos, podamos aspirar el sueño de la verdadera democracia que merece una sociedad decente. Mientras tanto, diremos como un gran político latinoamericano lo expresara: “Solo la educación podrá salvar a la especie humana”. Allá vamos a salvarnos y a salvar a la Humanidad.

 Cajamarca - Perú, agosto de 2009

Escribió: Jacinto Luis Cerna Cabrera

Director del Consejo Académico de la Academia

Regional del Idioma Quechua de Cajamarca

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